La arepa boyacense, originaria del altiplano cundiboyacense, surge en el municipio de Ventaquemada, donde los campesinos iniciaron su preparación con maíz cultivado localmente.
Su masa, compuesta de maíz pelado, harina de trigo, leche y azúcar, guarda ese equilibrio entre lo dulce y lo salado que ha cautivado generaciones.
Sus raíces se entrelazan con la tradición precolombina y la colonización española. Originadas a partir de la antigua arepa indígena y enriquecidas por la llegada del trigo y la cuajada, dan cuenta del mestizaje culinario que define gran parte de la gastronomía boyacense.
En su forma tradicional, la masa se coloca sobre una piedra laja calentada al fuego de leña, logrando una textura crujiente por fuera y tierna por dentro, mientras el queso se funde en su interior. Cada bocado anuncia su carácter distintivo: la sutileza de lo local y el ingenio rural.
Con el paso del tiempo, la arepa adoptó nuevas técnicas y equipamientos, como el uso de masarepa precocida y hornos a gas, sin perder el sabor auténtico de la leña. Su conservación sigue siendo posible gracias al legado familiar y a su cultivo en zonas como Ramiriquí.
La valoración contemporánea de este platillo no ha dejado de crecer: Taste Atlas la ubicó como la tercera más sabrosa entre 7 variedades de arepas colombianas, con una nota de 4.2/5. Hoy se sirve tanto en desayunos acompañada de chocolate caliente o aguapanela, como en eventos sociales y festivales gastronómicos regionales.
Esta joya de Boyacá fusiona sabor, historia y cultura: desde el cultivo ancestral de maíz, las influencias coloniales y la técnica campesina, hasta su presencia en la mesa moderna. La arepa boyacense no es solo un alimento: es un símbolo vivo del departamento, un patrimonio que cruje con cada generación.
