La Casona de Bonza: el lugar donde nació la incorporación patriota, donde nació lo que hoy se conoce como el servicio militar y donde evolucionó la caballería del Ejército Nacional.

Durante la Campaña Libertadora de 1819, el Libertador Simón Bolívar estableció su cuartel general en la Hacienda de Bonza, por su posición estratégica frente al Ejército realista. Pero esta Casona fue más que un puesto de mando: fue el lugar donde nació el proceso de incorporación de civiles al Ejército Libertador.
En ese escenario, Bolívar seleccionó personalmente a los campesinos de la región, hombres humildes que respondieron al llamado de la patria, quienes fueron instruidos militarmente en el mismo terreno de la hacienda.
Allí, con fusiles prestados, algunos apenas vestidos con ruana, aprendieron a formar en cuadro, a marchar y a combatir. Fue la primera gran experiencia de integración militar popular en la historia del país, y desde entonces, Bonza quedó en la memoria como el punto de partida del Ejército del pueblo.
El alma ecuestre de la patria: del caballo de guerra al criadero militar
Décadas después, ya en el siglo XX, la tradición ecuestre que había nacido con los lanceros patriotas se formalizó en Bonza con la creación, en 1951, del Criadero y Escuela de Remonta y Veterinaria ‘San Jorge’. El objetivo era claro: centralizar la cría de caballos para el uso militar y formar expertos en equitación, veterinaria, herraje y manejo equino. Con razas importadas como la Trakener alemana, la árabe, angloárabe, inglesa y prusiana, se consolidó en Bonza un centro de excelencia ecuestre.
La histórica Casona volvió a ser epicentro de formación, ahora para los técnicos, soldados y oficiales encargados de mantener vivo el espíritu de la caballería colombiana.

Evolución y permanencia: de lo ecuestre a lo mecanizado
Con el tiempo, la Caballería del Ejército evolucionó. En 1982, se creó oficialmente el Grupo de Caballería Mecanizado N.º 1 ‘General José Miguel Silva Plazas’, como unidad táctica de la Primera Brigada, hoy Grupo Mediano de Caballería General José Miguel Silva Plazas. Aunque los caballos fueron reemplazados por vehículos blindados, el espíritu guerrero, la disciplina y la movilidad de la caballería se conservaron como esencia de esta fuerza militar.
Hoy, en los terrenos donde alguna vez pastaron los sementales del Ejército, y donde Bolívar convirtió campesinos en soldados, el Grupo Silva Plazas mantiene viva esa herencia. La Casona sigue en pie, imponente, como testigo de dos siglos de historia militar, y símbolo de la continuidad entre los valores libertarios y el profesionalismo del Ejército moderno.
Símbolo nacional: la Casona como memoria y legado
La Casona de Bonza no es solo una edificación histórica: es memoria viva de la formación del Ejército de Colombia. Allí confluyen dos momentos fundamentales: el nacimiento de la incorporación militar patriota en 1819, y la consolidación de la caballería ecuestre y mecanizada en el siglo XX. Es un lugar donde el pasado y el presente dialogan, y donde el legado del servicio a la patria se transmite de generación en generación.
La histórica Casona de la Hacienda de Bonza, fue declarada Bien de Interés Cultural del ámbito departamental mediante el Decreto del 17 de septiembre de 2019. Esta declaratoria reconoce su valor arquitectónico, histórico y patrimonial como parte esencial de la memoria histórica de Boyacá y de Colombia. Se invita a toda la comunidad a conocer y preservar esta joya arquitectónica, testigo de los días gloriosos de la independencia y del legado del Ejército Nacional.
La Caballería del Ejército Nacional de Colombia, es más que una especialidad táctica: es una tradición que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia. Y en el corazón de esa tradición está Bonza, con su Casona heroica, su tierra fértil para formar soldados y su historia viva que nos recuerda que la defensa de Colombia se forja tanto en el caballo como en el corazón.


