La fructífera obra de Raúl Ospina: variada y copiosa, siempre en cosecha…

siempre construyendo ilusiones y sueños propios o ajenos, que beneficiaran la vida y su entorno, un ser incansable en el sendero de los buenos propósitos.

Las vidas forjadas en los tiempos difíciles, tienen la mirada serena y segura, y no se arredran ante la dificultad o el imprevisto; para ellos la noche es pasajera y la esperanza el nuevo amanecer de su día a día, igual al susurro del agua cuando llega a los remansos de la llanura.

Así, percibí a Raúl Ospina Ospina, siempre construyendo ilusiones y sueños propios o ajenos, que beneficiaran la vida y su entorno, un ser incansable en el sendero de los buenos propósitos.

Raul, hoy transitas un nuevo sendero en tu tiempo sin tiempo, porque para ti, tu tarea no tiene días ni horas, sino objetivos y metas. Recibe nuestro abrazo de comienzo de semana para ti en vuestro mundo de sueños, en el que junto con tus hijos y esposa sois ejemplo de una gran familia.

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La travesía de Raúl fue en las aguas impredecibles del océano de su vida, en las que de niño vio diluirse su infancia en la incertidumbre de la huida, subidos en la fragilidad de un oleaje de invierno, mientras la camándula se deslizaba entre los dedos maternos balbuceando padre nuestros y Ave Marias en medio de la oscuridad y las turbulentas aguas, o rogando al cielo para que la luna siguiera durmiendo, tras el manto de nubes negras que anunciaban tormenta.

Así, con el alma en un suspiro, y el corazón al galope, implorando que las miradas aviesas de los chusmeros asesinos no los descubrieran, en tanto la maldad permanecía escondida entre la maleza, con la pupila dilatada y el gatillo alerta para enviar mensajes de muerte, así fue su infantil huida por las tortuosas aguas del rio Saldaña, rumbo a Purificación donde la vida era más segura, después del cruento asesinato de Gaitán, el caudillo del pueblo.

Ese niño nunca olvidó esa noche, encogido en el regazo materno, y recordando el mugido asustado del ganado, y de los terneros barcinos llamando a sus madres, acompañados por el relincho de los caballos en el establo, asustados por la cercanía de las llamas, eso no lo olvidó nunca, pero el rencor y el odio se lo dejó a las aguas crecidas del río, que se los llevó a sus profundidades junto con las ánimas de los muertos, que habían tirado los chusmeros al río en la noche del asalto a la finca, y el niño se imaginaba las ánimas flotando sobre las olas, y rezando Ave Marías con el mohán y la Gaitana, hasta llegar a las aguas del río de la Patria.

Raúl en Purificación cursó hasta el bachillerato, y allí fue contratado como profesor emérito, hasta que la demora en el pago de la mesada, y su espíritu de justicia por las buenas causas, lo llevaron a liderar una huelga, exigiendo el pronto pago, situación que hizo que le cancelaran no solo en sueldo, sino también el contrato, por no tener libreta militar, documento indispensable para firmar con el estado.

Al día siguiente se encontró metido en una flota de la Rápido Tolima rumbo al altiplano. Iba disfrutando las achiras horneadas por la abuela y rumiando el pasado, hasta que empezó a sufrir la fría caricia del páramo, y con sus tres camisas de manga corta, que luego las convirtió en pijamas.

Ya en Tunja, su tío el sargento viceprimero, con ayuda del oficial de reclutamiento le solucionó el problema, y sin demora mientras se limpió un ojo dejó de engrosar el mundo del desempleo. Entonces empezó a trasegar por los caminos de los que cumplen horario, hacen caso, y no piensan, siempre con el pensamiento en la pensión y las vacaciones. En ese entorno su imagen de hombre responsable en el manejo de las comunicaciones creció en los medios radiales, periódicos y revistas de la región, así trasegó peregrinando en diversos medios radiales de Duitama y Tunja hasta llegar a la llamada Ciudad Mariana.

Encontrarse en el camino de la vida, atrapado por la embriagante prosa de Raúl Ospina Ospina, o la delicia de sus versos, es perderse en el mundo de fantasía y realidad creado por el autor, todo a partir de las condiciones mismas de sus personajes y el entorno en que se desenvuelven.

Deambular entre los renglones de sus páginas, desbordadas de creatividad e ingenio que nos llevan a compartir vivencias casi sentidas en las realidades de sus personajes, la alegría, el dolor, el miedo o la angustia toman cuerpo en el lector, al punto que pueden llegar a navegar en una lágrima, o en furtivas sonrisas, expresiones vivas de la comunión alcanzada entre las vivencias del escritor y la conciencia de sus lectores.

Por eso, leer la obra de Raúl es  estar dispuesto a prenderse de emociones y adentrarse en un entorno ajeno, de personajes y situaciones brindadas en ese cáliz de la buena literatura, la que embriaga y atrapa en el dogal íntimo de personajes imaginados y sus supuestas conciencias.

Raúl Ospina Ospina es sin duda, un maestro de la narración. A partir de la realidad, de la vivencia y la experiencia convertidas en literatura.

No es esto una cuestión baladí, ni mucho menos sencilla; cualquiera que haya emprendido la difícil tarea de escribir un cuento, una novela o un poema, o que haya reflexionado sobre ello, sabe que darle vida a unos personajes, crear un ambiente y urdir una intriga, en tan solo unas pocas páginas, requiere de ingenio, habilidad y dominio de la lengua, cualidades que nuestro Raul se permite derrochar un cada una de sus obras y además compartir con sus seguidores, cuando recurrían a su sabiduría para revisión y corrección de estilo, o para exponerse al ojo del más avezado cazador de gazapos de la región y sus alrededores.

El espíritu periodístico de Raúl se refleja diáfano en toda su obra, en ella aflora un lenguaje preciso, pleno de matices que atrapan y estimulan la imaginación del lector, que se vuelve musical y poético en muchos pasajes, especialmente cuando se torna descriptivo y se diluye en el paisaje natural, en el que evoca la ecología y el equilibrio natural hasta convertirlo en verso, para lograr un mensaje de vida y naturaleza de su prosa. Leerlo es volar en un paisaje de naturaleza, la que despierta conciencias humanas en medio de la necesidad actual de humanidad.

Las variadas situaciones que afloran en su obra son tan diversas que le permitían jugar con ellas de manera divertida, en una galería de personajes cercanos a su vida o fantásticos protagonistas que hacen la delicia de su obra, porque los hacía tan reales como la vida misma, desde el político sin valores, mentiroso hasta la médula, que desprecia sus electores, pero vive de ellos. Así, Raúl presentaba los diarios aconteceres, reflejados en la mirada de un niño temblando de miedo, perdido en la noche, o el primer amor adolescente, o el abuelo contando historias de duendes y cementerios a media noche.

Así fue tú fructífera obra Raúl Ospina Ospina, variada y copiosa siempre en cosecha, así seguirás marcando huella en la posteridad del camino a lo eterno. Que en paz descanses.

*Por Fabio José Saavedra Corredor