En el cementerio de Bogotá, como lo indicó la Fiscalía, fueron sepultados los tres integrantes de una misma familia que resultó muerta en el hotel Portobelo, en San Andrés.
Padre y madre junto a su pequeño hijo en el centro, así, en ese orden fueron dispuestos los cuerpos Tito Nelson Martínez Hernández, Kevin Mathías Martínez Canro y Viviana Andrea Canro Zuluaga, la tarde de ayer en el Cementerio Chapinero de Bogotá.
En una concurrida ceremonia que nunca olvidarán las decenas de asistentes, a la que llegaron familiares de Boyacá, Bogotá y otras partes del país les dieron el último adiós al boyacense que había nacido hace 52 años en Guateque, su esposa de 45 años y su pequeño de tan solo cuatro años.
La misa comenzó a las 11:00 de la mañana y que se extendió hasta pasado el mediodía, en la Parroquia El Divino Salvador con un sentido mensaje del sacerdote que invitó a los asistentes a entender la voluntad de Dios ya que “como podemos darnos cuenta, no se necesita ni ser anciano, ni estar enfermo, para irnos de este mundo”.
Los tres, habían viajado la noche del 9 de julio, junto a los suegros de Tito Nelson, para cumplir el sueño de conocer la isla y disfrutar en familia de un inolvidable paseo con regreso el domingo pasado, pero del que finalmente llegaron a la medianoche del martes, en un avión de carga, y con tres de ellos en féretros.
Todo comenzó mal y terminó mal en ese viaje: primero, el vuelo estaba previsto para ese miércoles a las 3:00 de la tarde y por un retraso estuvieron aterrizando en el aeropuerto de San Andrés, cerca de las 10:00 de la noche y al llegar al hotel, a la pareja y su hijo les correspondió la habitación 404, que según reclamó Viviana Andrea, presentaba olores raros como a químico o pintura y para completar tenía mucha humedad y moho.
Como no les cambiaron la habitación, el jueves también durmieron ahí, luego de cenar y tomarse unas cervezas y unos aguardientes con el compromiso de levantarse temprano para ir a alquilar una camioneta en la que estarían todo el día, conociendo la isla de punta a punta.
“Tal y como lo habían acordado, don Orlando Canro, el suegro de mi hermano llegó pasadas las 6:00 de la mañana a llevarles un tinto para que se levantaran, pero golpeó varias veces en la puerta y ante la negativa, decidió esperar otro rato, pensando que como se habían acostado tarde, de pronto habían decidido descansar más avanzada la mañana”, dijo a Tuiteros Boyacá, Ebgar Martínez Hernández, el menor de los ocho hermanos de Tito Nelson.
Y complemento el familiar: “Casi una hora después regresó a la habitación y como nadie respondía, ni se escuchaba ruido alguno dentro, decidió pedirle a la recepción del lugar que por favor abrieran la puerta y efectivamente así ocurrió, pero al entrar se encontró con el cuerpo desnudo de su hija en el piso y con señales de haber vomitado, mientras mi hermano y mi sobrino permanecían en la cama, sin signos vitales, ni rastros de haber vomitado, solo parecía que estuvieran durmiendo”.
Los cuerpos fueron llevados a Medicina Legal en la isla, donde les practicaron las respectivas autopsias y se enviaron muestras a Barranquilla para su análisis, que supuesta mente determinará la razón del fallecimiento de los tres.
Don Orlando Canro aseguró en que en los resultados del procedimiento de Medicina Legal no hallaron nada extraño en el sistema gastrointestinal de su hija, su yerno y su nieto, por lo que insiste en que su muerte estaría relacionada con un envenenamiento con algún tipo de químico o substancia extraña, esa misma que identificaron en el ambiente desde el día que llegaron a esa habitación.
Aunque la familia reclamó en que al llegar a la capital del país el martes pasado, fueran llevados a Medicina Legal para tomar nuevas pruebas, les aseguraron que eso no se podía hacer, precisamente porque los procedimientos necesarios ya se habían hecho en la seccional de San Andrés.
Sin embargo, los cadáveres tuvieron que esperar desde la madrugada del miércoles hasta el mediodía de este jueves, cuando en la funeraria se habilitó la sala principal, para poder ubicar los tres féretros, uno al lado del otro para su velorio antes de las exequias de este viernes.
Finalmente, los ataúdes fueron ubicados en la tercera línea del piso hacia arriba, en el cementerio que ordenó la Fiscalía en Bogotá, y al que llegaron hasta vecinos del campo santo que quisieron acompañar el ritual de la familia que ha aparecido en la mayoría de los medios de este país, e incluso del extranjero por su extraña muerte.


